La arquitectura de la Casa Consistorial se ha utilizado a lo largo de la historia como carta de presentación. La mayor o menor riqueza, cultura o posición social se reflejaba en uno de los elementos más visibles: las fachadas.

A finales del siglo XIX, Granja de Torrehermosa llegó a alcanzar los 5.000 habitantes. Esa fue una de las épocas de mayor esplendor de la villa. La agricultura, la ganadería y la minería eran su fuente de riqueza, y generaron un gran número de jornaleros y proletarios, así como una pequeña burguesía. Esta situación social queda reflejada en las construcciones arquitectónicas de finales de siglo.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII y todo el siglo XIX se produce en arquitectura un periodo de cambio en el que se suceden distintas tendencias constructivas y decorativas.

El neoclasicismo, que supone una vuelta a los planteamientos clásicos (griegos y romanos), apenas se consolidó en Extremadura: el fuerte arraigo de la estética barroca, además del alejamiento de los focos neoclásicos como la corte y las grandes ciudades, provocaron la escasez de edificios de este estilo. Ya en el siglo XIX la arquitectura vuelve sus ojos al pasado, buscando inspiración en los movimientos artísticos anteriores; es lo que se conoce como el historicismo.

La Casa Consistorial, responde al prototipo de casa o palacio decimonónico, erigido en 1895 según describe la reja de entrada. Será frecuente descubrir en nuestra localidad la influencia ejercida por la casa andaluza (cordobesa), dada la proximidad entre ambos territorios.

Su estructura, organizada en torno a un patio central iluminado que distribuye el resto de las estancias en dos pisos o niveles, obedece sin duda a la tradición islámica de la zona. Siguiendo esas mismas influencias, se incorporan extensos paneles de azulejería en muchas habitaciones y dependencias interiores. 

Características

Ubicación